El Gato
Muchas cosas se han dicho acerca de este mamífero carnívoro de
la familia de los félidos, que aparentemente el hombre ha domesticado. Pero por
más estudios zoológicos, mediciones de su fisonomía, clasificaciones
taxonómicas, investigaciones de su biología y observaciones etológicas, este
animal sigue dejando perplejo a los seres humanos, por lo que se ha llegado a
la conclusión de que el gato no es un animal cualquiera, sino un verdadero
misterio. De día, suele pasearse de manera majestuosa haciendo gala de su
cuerpo flexible y sedoso pelaje que invita a la sensualidad gozosa de una
caricia. Su esbelta figura se contonea para seducir a su presa y hacerle
esclava de su encantadora presencia en un erótico encuentro entre lo animal y
lo divino. Frotándose contra la materialidad corpórea, logra encantar al ser
humano, susurrando ronroneos que versan secretos en idiomas de la animalidad
ancestral, cuya dulce sonoridad despierta en todo hombre un instinto materno. Sus
ojos brillantes hipnotizan la mirada de aquel que contempla el kaleidoscopio de
su difusa ontología. Una vez que tiene a su presa en cautiverio, muestra sus
afiladas garras cual femme fatale que ataca inesperadamente cuanto más
se le confía. ¡Pero no se confundan! No hay ningún rastro de perversidad en
esta alucinante criatura que trasciende toda categoría del bien y del mal. Se
trata solamente de un ser que parece doméstico y confiable cuando le conviene,
pero que salta su naturaleza salvaje y depredadora de manera súbita, de modo
que su personalidad dócil es tan solo una máscara que usa, pero su verdadera
identidad es inefable e incomprensible. Los gatos no son creaturas obedientes,
su anárquica naturaleza desafía las leyes del universo conocido. Su
comportamiento errante y paradójico ha dejado perplejo a los etólogos, quienes
lo encuentran dócil y domesticado al momento de observar y medir sus
movimientos, pero al dejar de verlo, éste parece comportarse de maneras
inesperadas y caóticas. -¡Quanta paradoja hay en el movimiento tan complejo y
particular de los gatos!- Enuncia el austriaco Erwin Shrodinger, quien nos
muestra que esta especie animal pertenece al ámbito de la incertidumbre, a
diferencia del comportamiento ordenado, obediente y medible de los perros, que
se mueven de manera firme y determinada en obstinación mecanicista, de acuerdo
a lo observado por Iván Pavlov, ese gran amante de los caninos. En contraste de
los perros, aquella estirpe de la certeza del día, los gatos despliegan su
esencia cuando la luz y la claridad se disuelven en la oscuridad de la Noche.
Este animal duerme 18 horas al día, por lo que su existencia discurre más en el
Sueño, que en la vigilia. Cuando el astro solar cede su trono a las tinieblas,
la verdadera naturaleza del Gato se revela y se vuelve manifiesta su cualidad
lunar, al desaparecer de nuestra vista. Hay quienes han rastreado su andar en
el reino de la incertidumbre, cuando los gatos sienten la lunática impulsividad
de ir más allá de los muros del cuadrado hogar y escapar de los límites del
cosmos humano, surcan por las calles y los techos de la ciudad, iluminados por
la argéntea transracionalidad de la diosa nocturna. Nadie sabe a dónde van, ni
de donde vienen. Un misterio habita en su sigiloso andar, y sus motivaciones
últimas se esconden en el silencio. Algo sabían ya las civilizaciones de la
antigüedad, al entronizar a esta mítica creatura como una poderosa divinidad. Los
egipcios adoraron su bastedad, y muchas otras culturas supieron ver en ellos
una teofanía. Es por ello que aún hoy en día los gatos han fascinado al corazón
del hombre, cuyo mysterium tremendum et fascinans cautiva aún a la
humanidad, de manera que se han erigido cultos gatólicos, para adorar a este
místico ser lunar, y no es de sorprender, que los más fieles devotos de este
mágico animal, sean los escritores, poetas, místicos, locos y soñadores.